Al hacerte mayor, descubres que al espectador con un mínimo de paladar el cine le trata fatal en verano. Y si no tienes más remedio que acudir, te preguntas con asombro cómo es posible que se realicen tantas películas inútiles o directamente infames (y solo vemos lo que distribuidores y exhibidores consideran que es mínimamente estrenable), qué razones excluyendo la del aire acondicionado (y tampoco eso asegura una temperatura agradable, ya que en algunas salas se empeñan en convertirte en un muñeco de hielo) puede motivar que la gente se gaste una pasta en las ofertas que les hace el cine en verano.
Pienso en cuestión tan peregrina mientras que me aburro considerablemente viendo doblada (eso ocurre en un pase de prensa) la película sueca El abuelo que saltó por la ventana y se largó,adaptación de una novela que ha sido un best-seller en Europa y que no puedo juzgar, ya que no me urge la prisa por acceder a literatura tan adictiva. Pero constatando la nula gracia que tienen en la pantalla las surrealistas aventuras y los recuerdos de un anciano en la línea de Forrest Gump, recuerdo la ausencia de calidad en la mayoría de las adaptaciones cinematográficas de esas novelas que han reposado en la mesilla de noche de tantos embelesados lectores. Algunas veces intento compartir esos universales goces novelísticos, pero no tengo suerte, soy incapaz de disfrutar con sus misterios. Lo intenté en varias ocasiones con Dan Brown y con Paulo Coelho, pero en vano. Las películas inspiradas en sus obras están a tono con el material literario. Busco novelas vulgares con ventas superlativas y que hayan servido para engendrar obras maestras del cine. Pienso en El padrino. No recuerdo muchas más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.